2/12/16

Claudia Rankine



VI (Supe que lo que ocurría ante mis ojos estaba realmente pasando)

Supe que todo lo que estaba ante mí estaba sucediendo y luego el vehículo de la policía hizo un estrepitoso alto frente a mí como si estuvieran armando una barricada. En todas partes había destellos, una sirena sonando y un largo rugido se extendió. Tírate al suelo. Tírate al suelo ahora. Entonces lo supe.
Y no eres el tipo y aún así te ajustas a la descripción, porque sólo hay un tipo que siempre es el tipo que se ajusta a la descripción.
Dejé la casa de mi cliente sabiendo que me detendrían. Yo lo sabía. Simplemente lo sabía. Abrí mi maletín en el asiento del pasajero, para que pudieran ver. Sí oficial, rodó de mi lengua, que surgió de una campana que nunca podría sonar porque su emergencia es un peaje destinado a tragar.
En un paisaje sacado del fondo del océano, no puedes manejarte con cordura -tanta rabia que te saltan las lágrimas. No puedes manejarte con cordura. Todo es tan agotador. Todo esto te está desgastando y sigues sin ser ese tipo.

12/11/16

Poema de Mario Bodet


Dalind

Sombras subversivas de los impávidos años; 
las miradas mustias y errabundas 
hoy recorren la biblioteca
se abre el tiempo

las miradas miran las manos pérdidas 
que no buscan nada 
y sólo encuentran cuerpos abstraídos, 
magnolias arrancadas de la boca de los astros, 
súbitos espectros amarillos; se queman en la oscuridad

silencio de los días que se echa a dormir en las avenidas; 
todos lo pisan y nadie lo ve

inmemoriales posesiones exhibidas en los ojos de los muertos, inmemoriales colores que se arrancan uno a uno, 
ojos penetrados por la Ilusión de un mediodía, 
alaridos del agua y sus espectros;
premura del olvido, 
las tabernarias sombras caben en una delgada 
hoja de polvo y cenizas

dura fuente del pensamiento, 
franca caricia 
franca luz que en tu frente recuesta su calma

10/11/16

Poemas de Mina Gligorić



Tuve un mal sueño

Quítate
Tuve un mal sueño
donde me dieron un corazón
y todos los escalones de la mente humana

Me habían dado los dientes
para sentirme mortal
Sí, y también tenía los ojos 
para observar las burlas entre los iguales

Habían torres
y murallas
y nada de
nada
Tenía las piernas
pero me quedaba quieta
Los deditos de los pies
para sentir la alienación
A ella solo aquí la puedes pisar

No me mires
He dormido mal

Desterrada a las ciudades
en la cáscara
y todos los pecados de su ruina

Me colocaron en filas
para oír la envidia entre esos
a los cuales no se puede envidiar
Sí, tenía el pelo también
para absorber su hedor

Déjalo
Deja ahora ese lío
que con sólo una parte está 
en la habitación

Hueles tan mal al amor
y  a la confianza
Tu lengua esta mojada como
todos los parques meados del Belgrado
Tus manos son como arenas movedizas 

¡No quiero cerrar mis ojos!
Tal vez solamente a la cáscara
al espíritu confundido y
a todas las debilidades de su vanidad
regreso

Tú no oyes
¡La mugre te obstruye las orejas!

Me habían dado los dientes
para mordérmelos en la vida mala
y las palabras

Tú siempre te quedas callado
Tu desorden habla por sí mismo
Vives al alcance de la realidad
pero a la mitad te pierdes en mí

1/11/16

Poema de Rodolfo Hinostroza

foto Jaime Cabrera

Los huesos de mi padre 
"Hemos cerrado el pasado
con gruesas lágrimas de acero" 
Javier Heraud

¿Serán éstos los 206 aristocráticos huesos de mi padre?
¿Todos completos, con su maxilar inferior, su frontal,
sus falangetas, su astrágalo,
su vomer, sus clavículas?
¿No se habrán confundido
en la Fosa Común
con los de un vagabundo
de esos que abundan en las calles de Lima,
y mueren sin un grito? ¿Cómo voy a confiar
en que sean éstos los huesos de mi querido padre,
don Octavio, Tachito,
si en la Fosa Común donde lo echaron
puede ocurrirle cualquier cosa
a los huesos de uno?

28/10/16

Poemas de Soledad Castresana



GnR en CDMX 
(o donde se retoma el tempus fugit)

Ay, tal vez no fui, querido Axl, 
porque no quería verte así:
gordo y sentado, rey vencido.
Habiendo perdonado a tu enemigo, 

O, tal vez, porque no quise 
que me vieras a mí, así: tan bien
casada, madre, adaptadita,
ama de casa, aburguesada.

¿A dónde fueron a parar, querido Axl,
la bandana roja y negra que ceñía 
mi muñeca, las remeras, los pósters, 
los collares de cadena?
Los aros los conservo. Guardados.
No queda bien una señora que en la oreja
lleva una bala, un colmillo, un esqueleto.

Hoy, heme aquí, a cincuenta en Insurgentes
escuchando por la radio emocionada
la crónica de anoche, del concierto,
(parece que llovía, yo dormía, Greta
va a la escuela a la mañana). 

¡Ay, Axl! Debería haberte visto entonces 
cuando tocaron en Baires, cuando todas
éramos jóvenes y bellas, en la gloria, 
en la década más rara de la historia.

Vivía en La Pampa todavía y me negaron
el dinero, el permiso. ¡¿Por qué a mí?! 
¡No es justo! ¡No me entienden! Pataleaba, 
lloraba, como ahora. 

El tiempo huye, Axl, de nosotros. 
Ya no podemos mezclar armas con rosas
(ni vino con cerveza u otras cosas).


A las amigas de entonces: Leonela, Ana, Jésica, Laura, Clara y Paz.
A Maricela, por su Beatus
(inédito)

24/10/16

Poemas de Héctor Cañón Hurtado



El reino del deseo

Supongo que cuando la muerte acaricia
lo que ayer era tu pelo entre mis manos 
mi ausencia puebla el aire donde anidan los recuerdos.
Supongo que sientes frío al pronunciar mi nombre sin quererlo.
Desde aquí es difícil decidir 
si lo que permanece es lo que uno tuvo o lo que perdió
porque el abismo entre los ojos y los frutos es sublime.
Supongo que le escribiste un buen final a nuestra historia.
La tarde si está quieta es tan vieja como las piedras
y no cae una sola gota al suelo sin mi consentimiento.
La lluvia seguirá siendo el reino de mis deseos
mientras borre en el horizonte la memoria del desierto.
Supongo que viste en sueños el atajo más preciso
hacia el agua de tu nombre.
Supongo que si aún la vida eres tú 
estamos desembarcando al mismo tiempo en otro cuerpo.

15/10/16

Poemas de Marta Jazmín



En esta piel arrugada

del papel en mis manos
transpiran líneas temblorosas,
los gemidos ilegibles
de un animal enjaulado.
Mis dedos
como agujas
demarcan su tiempo
en la sombra,
ahuyentan en manadas
mis palabras.

Intento traducir por fin
mi voz
en esa fiera.
Sacudir mi instinto
en su equilibrio,
irme con ella a tientas
por encima de la poesía
que no escribo,
-la poesía que sospecho-
antes de cerrar
la mentira encarnada
en esta peligrosa caricia
y que otra vez
me devore en su blancura
el silencio.

12/10/16

Poemas de Beatriz Vanegas Athías


Indiana Jones

Frente al desamparo del abismo,
la mano de garra protectora.
Ante la bala certera del enemigo,
el sombrero como yelmo impecable
y el salto imposible.
Dentro de la cueva asfixiante,
el hallazgo puntual de la ranura
que abre todas las puertas.
Ante los misterios insondables,
la lógica simple y pura
de un rostro preocupado.
Frente a la superioridad del atacante,
la complicidad del caballo
y del amigo resucitado.

Ante la traición del puente colgante,
la voltereta mágica
la caída en picada
el río como colchón
la balsa desprevenida
pero cómplice.
Cuando mi madre me enseñaba
que para Dios no había nada imposible.
Yo pensaba en ti, Indi.

10/10/16

Poemas de Miguel Alejandro Valerio




Autorretrato a los 31

Monotonía de lluvia tras los cristales. 
Antonio Machado


Miedo… a qué le tengo miedo?
Me pregunto sin arrogancia
ni intención de ofender a los dioses
en estos días de interminable lluvia.
He tenido tan poco…
He perdido tanto…
Supongo que le tengo miedo
a la policía y al desahucio.
Pero desde nuestra comodidad
esas son cosas que les suceden
a personajes periodísticos.
Y supongo que como todos
le tengo miedo a la muerte.
Pero a pesar de su silencio milenario,
la conozco tan bien…
(En Roma nos hicimos aún más íntimos
una noche de inclemencia.)
Miedo…¿a qué le tengo miedo?
Sé que no se vuelve.
Y si le tengo miedo a algo
quizá sea a no llegar. 
No llegar a tiempo a tu lecho.
Tener que vivir con tu recuerdo
sin jamás llegar a conocerte.
Llegar al fin del camino
sin haber sembrado una buena semilla.
Sí, tengo miedo, como Neruda,
de morirme sin haber labrado una mesa.

5/10/16

Poemas de Micaela Godoy






Fui

lluvia y sequía
viento y arena en el mar
luz y sombra
humo y ceniza.
arriba quemando el sol
fui

mujer
de vuelo mestizo
de cosas rústicas
a través del cielo.

3/10/16

Presentación de "Telarañas" de Regina José Galindo en Casa Quien






por Frank Báez 

Hace poco me contaron que las arañas suelen tensar sus telarañas y tocarlas como si fuesen instrumentos musicales. Y realmente son instrumentos musicales, ya que emiten un sonido, una musiquita, que es imperceptible para nosotros los humanos, pero que las arañas y sus presas pueden oír con claridad. Es más, las arañas se enteran que han atrapado un insecto por el sonido que hace la red, y por este particular sonido, conocen el rincón de la  telaraña donde está la presa. Traigo todo esto a colación por el título del poemario de Regina que presentamos esta noche. Al igual que esas telarañas a las que hacía referencia, este libro tiene las suyas, estas partituras, estas palabras, que Regina ha sabido afinar hasta lograr sacarles  una música y un ritmo endiablado.

19/9/16

Poemas de Rómulo Bustos Aguirre





Cotidiano

Como sucede con los cuadros que cuelgan
en las paredes
cada mañana sorprendes
una leve inclinación en tu adentro
cada mañana crees corregir este desnivel
pero entre la primera posición y la segunda
queda siempre un residuo
una brizna de polvo que se acumula

Sobre esta oscura aritmética se edifica tu alma.

13/9/16

Poemas de Roger Santiváñez


                                                 
     


Ravenhill springtime  

1 [Kora]
Primavera total hoy día en Ravenhill
Un viento fresco reina entre las ramas
Suavemente imprime su ritmo al transcurrir

La dorada mañana se ilumina sola
Como si fuera la luz su esencial su
Divino espléndido retornar inquieto

Intensa claridad sobre árboles aún muertos
Pero ya florecerán magnánima nibelunga
Futuro incierto con la sola certidumbre

Del verdor & la pureza del aire
Nuevamente enternecido por el brote
De los pétalos adivinados hechizo

Del pensamiento en el momento de
Los silbos metódicos a intervalos qué
Estarán haciendo esas aves ocultas

En la maraña reverdecida prin
Cipiando a soñar la dimensión
De un nuevo canto aún no codi

Ficado por los árboles oscuros pren
Didos sinembargo a la luz prima
Veral que hoy persiste planeando

Solitaria como el pájaro azul

            De la leyenda

2/9/16

Poemas de Jorge Posada



 

anciano con camisa hawaiana
no sonríe
una fotografía del futuro
no exactamente del mío
si no de las personas
que pasarán por la quimio de sus padres
que hallarán agujeros en su apellido
que meterán los dedos en su boca
para saber cuál es la textura del cáncer

30/8/16

"Trece modos de contemplar un mirlo" por Wallace Stevens






Trece modos de contemplar un mirlo 

1
En medio de veinte nevados  
la única cosa que se movía
era el ojo del mirlo.

25/8/16

Cuatro poemas de Yusef Komunyakaa

Foto de Yusef Komunyakaa por Nancy Crampton


Fortaleza

Empiezo ahora con estas dos manos
puestas ante mí como una bendición y  un arma,

mirlos en vuelo feroz e instrumentos
de contacto y consuelo. Esta señal significa

para, y ésta significa, naturalmente, acércate,
amigo. Dibujo un círculo en la arcilla roja

alrededor de mis pies, donde ningún espíritu impuro
se atreva  a encontrarme. En este ángulo las manos

sobre la cabeza de un niño son un techo sobre un santuario.
Soy un novato en mi fortaleza en el bosque

con  el ojo derecho pegado a un nudo de la madera.
Puedo ver un zumbido en el árbol de caqui,

su maduro desapego -una crucecita  blanca
en cada semilla. La comba de fuego de la niña

golpea el suelo. Veo la puerta trasera
de esa casa cerrarse con un lento crujido

donde un hombre borracho y enojado tropieza
a través del umbral todos los viernes.

Veo el perdón, insoportable crepúsculo,
y estas dos manotas saben demasiado

sobre los clavos y el martillo, el tablón y el cielo inquieto.
La piedra labrada y el mortero son de otro mundo,

y a veces viene primero un portón alto.
Entonces enormes barriles de madera con granos,

harina, carne salada, y cal viva ante
veintiocho ballestas sobre cuatro torres.

24/8/16

Tres poemas de Horacio Fiebelkorn



Cadena
Este es el poema
del amor y la prosperidad.
Quien hasta el fin lo lea,
tendrá la dicha.
Quien lo lea o escuche
hasta el final, obtendrá
buena ventura.
Quien lo abandone
quedará de frente
a la desgracia.


Más vale se queden.
Más vale se abracen
a este poema,
que es amigable
como un perro, sedante
como el lomo de un gato,
emocionante
como la persecución
de una laucha.

Porque este poema
tiene amor
y prosperidad.

Todos hunden su jarra
en el poema
y la llenan
de su jarabe.
Un poema
para la tos,
para los callos,
el reuma, las caries,
la esclerosis. Versos
para la cirrosis
y la neurastenia.


Toda clase de fobias
pueden conjurarse
con estas grageas,
que también
se consiguen
en formato de
supositorios,
plenos de amor
y prosperidad.


No tiren este poema.
No lo tiren.
Rosana Mentasti, de Chivilcoy,
lo leyó hasta el final
y acertó a la quiniela.


Ricardo Santander,
de Almirante Brown,
abandonó el poema
en el segundo verso
y se le secaron las bolas.


Matilde Garófalo,
de Brandsen, tardó
una semana
en leerlo pero al final
pudo curarse
del insomnio.


Marcelo García, de Moreno,
tiró este poema
a una zanja
y fue asaltado
dos veces
en diez días.


Bieaventurados
los lectores pacientes
que miran más allá
y siempre quieren.


Hagan cien copias
de este poema
y repártanlo
entre amigos y enemigos.


Cien copias
por carta
o telegrama
para pegar
en cada puerta.


Cien correos electrónicos.
Cien avioncitos de papel.
Cien en la cara del tiempo,
uno solo en el culo de dios.