3/5/16

El amor y la lengua*

Foto tomada por Erika Santelices

por Dario Jaramillo Agudelo 

Que en un congreso de la lengua se proponga una mesa con el tema del amor, ineludiblemente lleva a establecer unas relaciones que, no por obvias o por salaces, deben dejarse de señalar.

Sin prevenciones, para una mente menos zumbona que la mía, el amor y la lengua pueden querer aludir a las palabras para decir el amor y, en  mi caso particular, la expresión poética del amor. Sin duda más adelante me referiré a este punto porque el aspecto que quiero tratar antes es el lado lúbrico (y lubricante) del asunto: la lengua como instrumento del amor, la lengua que no está modulando palabras de amor sino la lengua, cómo decirlo, ejecutado el amor. La lengua que besa, la lengua que lame, la lengua que chupa, la lengua que explora.

Se me dirá que tal vez ese no sea el abordaje adecuado en un evento como esta reunión de academias que estudian la lengua entendida como lenguaje. ¿Será que el idioma sin palabras de la lengua utilizada como instrumento erótico no califica para este pomposo evento?

29/4/16

Siete poemas de Louise Glück



Semejanza final

La  última vez  que vi a mi padre  ambos hicimos lo mismo.
El estaba parado en la puerta de su habitación,
esperando que yo acabase de hablar por teléfono.
Que él no estuviera pendiente a su reloj
era una señal de que quería conversar.

Conversar para nosotros siempre significó lo mismo.
El decía algunas palabras, yo decía unas de vuelta.   
Y en eso consistía. 

Casi terminaba agosto, hacía mucho calor, mucha humedad.
Al lado los trabajadores arrojaban gravilla fresca  en la marquesina.

Mi padre y yo evitábamos estar solos;
No lográbamos conectarnos, hablar por hablar.
Era como si no existieran
otras posibilidades.
Así que esta era especial: cuando un hombre se esta muriendo,
hay de que hablar.    

Debe haber sido temprano en la mañana. De un lado a otro de la calle
los aspersores empezaron a funcionar. El camión del jardinero
apareció al final de la cuadra
hasta que se detuvo para estacionarse.

Mi padre quería contarme cómo era eso de morirse.
Dijo que no estaba sufriendo.
Dijo que se había quedado esperando el dolor, aguardando, pero nunca vino.
Lo único que sentía era una especie de debilidad.
Le dije lo mucho que me alegraba, que me parecía que tenía suerte.  
Algunos de los maridos se subían a sus carros para ir al trabajo.
No gente que conociéramos. Nuevas familias,
familias con niños pequeños.
Las amas de casa se paraban en la marquesina,  gritando o haciendo ademanes. 

Nos dijimos adiós como acostumbrábamos,
Sin abrazarnos, nada dramático.
Cuando el taxi vino, mis padres lo observaron desde la entrada,
Agarrados de las manos, mi mamá tirando besos como suele hacer,
ya que le molesta cuando una mano no se  está usando.
Pero por primera vez, mi padre no sólo se quedó parado ahí.
Esta vez saludó. 

Eso mismo hice yo en la puerta del taxi.
Como él, saludé para esconder el temblor de mi mano.

27/4/16

Poemas de Ravi Shankar



Exilio

No existe otro lugar en el cual preferiría no estar
más que éste; sin embargo, heme aquí, desposeído,
aunque no del todo, porque nunca he sido dueño
de lo que me han arrebatado, nunca he pertenecido
a un lugar, a una historia común, a nadie.
Incluso de niño, al ser insultado en la escuela
(cabeza de toalla, chico del punto, domador de camellos),
nunca eran precisos los abusos: sólo los Sij
utilizan turbante; las viudas y las jóvenes bindis,
y ninguna especie de camello es originaria de la India.
Si, como escribe Simone Weil, tener raíces es la necesidad
más grande y menos reconocida del alma humana,
contémplenme: soy un epíteto. Conjuro mi sustento
del aire, y tanto el olor a alcanfor como a carne me desagradan.
He usado un lugi entre mis piernas; consumido drogas
de moda  al palpitar de unos parlantes; bebido masala chai
aún humeante de una taza de lata; conducido un Dodge
a través del Vorrazano en hora pico, y siempre,
en cierta medida, sintiéndome extranjero, como meteorito
en noche de bingo. Este sentimiento ajeno, afilado con la punta
de la soledad, me utiliza para tallar la máscara apropiada
cada mañana. Aún no sé qué efecto tiene sobre mi alma.

26/4/16

Poemas de Alvin Pang


Foto tomada por Jon Gresham

Fracaso

No fue un bebé hermoso. Al nacer, incluso sus padres quedaron decepcionados: ellos querían un niño bello, gordito, como el primogénito, Logro. Pero, al contrario, Fracaso era pequeño, letárgico, de piel grisácea; casi nunca sonreía. Los parientes que llegaban a conocerlo apartaban rápido la mirada; se arrimaban a las esquinas, susurrando, meneando la cabeza de lado a lado.

25/4/16

Poemas de Nadija Rebronja




De Flamenco utopía
yo no escribo poemas
sólo escucho a las personas
y a las ciudades


luis, sobre algunas personas

mientras ella dormía
él se estaba afeitando
en el espejo cazó
el rostro de ella
la miraba
miraba
y sintió
que se parecía a alguien
encontró la forma de los ojos del dictador
los labios del criminal
el mentón del horrendo general
las orejas del carcelero del campo
se despertó
y se fue a hacer voluntariado
en el orfanato
como cada día

4/4/16

Dos poemas de Dylan Thomas



Poema en octubre
Cumplía treinta años bajo el cielo y fui despertado
por los murmullos del puerto y del bosque vecino
y el estanque con el mejillón y la garza
que predicaba en la orilla de la playa.
La mañana me reclamaba con el agua que rezaba el rosario
y el responso de la gaviota y del cuervo
y el golpeteo de los botes en el muro trenzado por las redes
como invitándome a levantar y echar a andar
en el adormecido pueblo.
Mi cumpleaños empezó con las aves acuáticas
y los pájaros de los árboles alados que llevaban
en vuelo mi nombre sobre las granjas y los caballos blancos
y yo me levanté en el lluvioso otoño y caminé
sobre el chaparrón de todos mis días.
Era en la pleamar cuando la garza se zambulló
y yo tomé el camino más allá de la frontera y de los portales
aún cerrados del pueblo que empezaba a despertar.

8/6/15

Derek Walcott




Garcetas blancas

1
Cauto ante la luz de tiempo
que permite que las sombras matinales
se extiendan en el césped,
a las curiosas garcetas abrir sus picos y tragar
cuando tú, no ellas, o tú y ellas, se hayan marchado;
a las bullosas cotorras alistar su flota en el ocaso
para que abril encienda su violeta africano
en el retumbante mundo que te humedece
esos cansados ojos que detrás de dos lentes
se empañan: amanecer, atardecer,
los discretos estragos de la diabetes.
Acéptalo todo con frases ecuánimes,
con la solución esculpida que fija cada estrofa;
aprende que el césped brillante no opone resistencia
a las filosas preguntas de la garceta
y a las respuestas de la noche.

4/6/15

Natalia Romero






Pasa un avión

Justo arriba mío
cuando levanto la vista pasa un avión.
Lo veo volar lento
cruza por el cielo la entrada del patio
y sé que allá
mantiene la potencia de su velocidad.
Veo la línea fina como de hielo
que deja en el celeste del mediodía.
Desde acá abajo
percibo tan distinta
la distancia.
Es como contarte esto
mientras no estás
o no poder decirte nada
como ahora, que el sol da de lleno
sobre las plantas
y te digo mirá
qué lindas las hojas
y no digo nada más
y el agua que cae sobre las macetas
dibuja la misma línea
que en el cielo dejó el avión.

27/5/15

Gregory Corso

Gregory Corso junto a Kaye McDonough y su hijo Nile en 1984

Matrimonio

¿Debería casarme? ¿Debería ser bueno?
¿Asombrar a la chica de al lado con mi traje de terciopelo y mi   
          capucha faustiana?
No llevarla al cine sino a los cementerios
contarle todo sobre bañeras hombres lobo y clarinetes bifurcados
a continuación, desearla y besarla y todos los preliminares
y ella llega hasta un punto y yo entiendo por qué
sin enojarme decirle ¡Debes sentir! ¡Es hermoso sentir!
En su lugar tomarla en mis brazos y apoyarla contra una vieja 
          lápida torcida 
y cortejarla toda la noche las constelaciones en el cielo-

25/5/15

William Carlos Williams



Para Ford Madox Ford en el paraíso

¿Hay más paz en el paraíso, mi querido amigo Ford,
que la que sentías en Provence?  

No lo creo ya que tú con tus alabanzas  
hiciste de Provence  un  paraíso
con lo que podemos hacernos la idea
de  cuanta  es tu alegría  en  las presentes circunstancias.    
Era el  paraíso lo que  allí  describías    
y que a pesar de su estrechez tú transustanciabas
para que los senderos y los jardines parecieran un
mundo más grandioso del que ahora habitas.
Pero, querido, te llevaste  casi todo.  
La Provence que tú
alababas tan bien ya no volverá a ser
la misma Provence
ahora que te has ido.